crushedfingers
01-23-2006, 8:33 AM
CAPÍTULO I
CONOCIENDO A HILDA
Estaba solo en mi casa, sin mucho que hacer, mi pareja se había ido a visitar a sus papas fuera de la ciudad, disfrutando de la pornografía que me ha tomado tanto tiempo recolectar de la red, miles de sitios de Internet, desde lo mas soft hasta los de snuf y hardcore, archivando cuidadosamente todas las fotografías, por genero, procurando tenerlas siempre ordenadas alfabéticamente, lógicamente en archivos ocultos en mi computadora, ya que si los descubría mi pareja, posiblemente me mandaría a la chingada, ella no entiende, no sabe y mucho menos se imagina de todas las cosas que pasan por mi mente, en alguna ocasión traté de tener un acercamiento con ella sobre mis fantasías sexuales, a lo cual rotundamente se negó, así es que permanece en mi imaginación y en la otra cara de mi vida.
Decidí buscar mas sitios con fotos interesantes y que se parecieran a mis fantasías, cuando llegue a un sitio donde había una inmensa lista de Dominatrices, mujeres dominantes que requieren de esclavos hombres o mujeres, empecé a revisar la lista y para mi sorpresa encontré que había arias en México, revisando los números, me puse a marcar a varios de ellos, la mayoría estaban ocupados o fuera de servicio, hasta que al fin encontré uno en el que si me contestaron, del otro lado de la línea era una voz sensual y firme, se escuchaba una mujer segura de si misma, no me dejó casi hablar, queriendo yo saber como estaba el asunto, casi en un tono de orden me dio la dirección donde se encontraba y me dijo que me presentara a las 21:00 horas en punto, con eso colgó.
No sabía que hacer, mi corazón latía de forma dispareja y descontrolada, después de un par de minutos de incertidumbre me decidí a ir a la dirección que me dio, estaba relativamente cerca de mi casa, no sabía lo que me esperaba al llegar, por mi mente pasaban mil y un pensamientos, como será esta mujer, será una gorda horrible, o una fina modelo, cobrarán el servicio o se lo cobran a base de tortura y dolor ( lo que sería ideal) o es por puro gusto de ella, por el puro placer detener a un hombre a sus pies y poder hacer de el lo que quiera, y así iban pasando los pensamientos, cuando de pronto me di cuenta que había llegado, era una casa blanca, grande, de esas que te das cuenta que los que viven en ella son gente acomodada dentro de la sociedad, de buen nivel socioeconómico.
Parado frente a ella me sentía emocionado y a la vez con miedo, estaba frente a lo desconocido, pasaron los minutos y yo seguía admirando la residencia, dudaba si tocar o no el timbre, cuando un impulso inconsciente llevó mi mano hacia el timbre presionándolo suavemente, sonó un timbre discreto, pasaron uno o dos minutos hasta que se abriera la puerta.
Al abrirse la puerta se dejó ver una figura hermosa, era una mujer alta, ya entrada en años, habrá tenido unos 45 o 50 años, pero con una figura deliciosa, no era flaca, mas bien redondeada, pero tampoco gorda, mas bien robusta, según mis cálculos pesaba unos 65 kilos poco mas poco menos, pelo rubio, rizado, facciones finas, poco maquillaje, muy elegante, tenía un vestido negro ajustado, medias negras y unos zapatos de tacón alto y puntiagudo, se veía como un ángel vestido de negro.
En eso estaba, absorto en su belleza, cuando de repente siendo una cachetada impresionante, con una fuerza tal que me hizo perder el equilibrio, acompañada de un “llegas tarde, al suelo y besa mis pies”, a lo cual desconcertado, me puse de rodillas y empecé a besar esos zapatos negros deliciosos, a recorrerlos con mi boca y lengua, mientras besaba uno de sus pies, me pateó con el otro, directo en el cachete, con la punta del zapato. Todavía estaba recuperándome de la patada cuando recibo otra, y otra y otra, wham, wham, wham, fueron diez las que recibió mi cara, empece a sentir la sangre correr por mi nariz, escurriéndose hasta mi boca, saboreando el gusto de la sangre fresca, sobre todo si la sangre provenía de una herida infligida por semejante belleza.
Me tomó del cabello y me arrastro hacia adentro de su casa, me ordenó que me acostara en el suelo boca arriba y que me quedara quieto, con eso se subió a mi, empezó a caminar encima de mi cuerpo, con todo y esos zapatos de tacón, sentía un dolor indescriptible a cada paso, cada vez que se enterraba el tacón, sentía como si me perforara el cuerpo, estuvo caminando de arriba hacia abajo, desde los pies hasta el cuello, en eso me pone un pie en la cara, luego el otro y se bajó, dejando marcas de sus tacones en mis cachetes.
Me ordenó que me desvistiera me aventó una especie de calzón de piel, mas bien era una tanga, que tenía para ajustarse en los costados, me desvestí y me puse la tanga, se acercó y me apretó la tanga tan fuerte que no pude evitar gritar por lo cual recibí otra cachetada igual de fuerte que la primera, “solo puedes hablar si yo te lo ordeno y no quiero que te estés quejando de todo, tu llegaste por tu gusto, me llamo Hilda y a partir de este momento te vas a dirigir hacia mi como mistress Hilda o mistress a secas, quedó claro?” no estaba terminando de hablar cuando recibí un pisotón en el empeine del pie derecho, creí que me lo había atravesado con su tacón, por mas dolor que sentí, tuve que contenerme para no gritar.
Creo que le gustó mi reacción ante toda esta situación, porque en su cara se veía una sonrisa de satisfacción cada vez que me infligía algún castigo.
Me ordenó seguirla hasta la cochera, donde estaban dos carros, un stratus negro y un cultas eurosport, también negro, en el camino me venía platicando un poco lo que iba a suceder a partir de ese momento, del dolor que iba procurar infligir en mi, no solo ella, sino que venían en camino varias amigas y que entre todas iban a ver que tanto podía aguantar y cuando ya estuviera al límite de mi tolerancia al dolor, me torturarían más, de ser posible hasta que quedara inconsciente y que al despertar, continuaría la agonía, a lo cual acepté.
Llegando a la cochera me ordenó que me acostara en paralelo al stratus boca arriba, lo cual hice sin dudar, me acosté y se subió a mi panza, enterrando sus tacones hasta que casi no se veían, todo ese peso sobre los tacones y encima de mi no me dejaron ni siquiera un poco de aire para intentar gritar, solo salió un bufido leve por lo cual recibí una patada con el tacón muy cerca del ojo derecho, abrió la puerta del carro y se subió, bajó la ventana y me ordenó que pusiera ambas manos detrás de la rueda delantera porque me las iba a aplastar, yo estaba temblando, mis manos temblaban sin que las pudiera controlar, puse las manos en el suelo con las palmas hacia abajo, detrás de la llanta delantera, separadas como diez centímetros una de otra, en directa trayectoria de la llanta. Hilda arrancó el carro y puso reversa, antes de avanzar me dijo que si me atrevía a mover las manos, me amarraría y me aplastaría todo el cuerpo con el carro hasta matarme, con esa amenaza encima y sabiendo que sería capaz de cumplirla, decidí no moverlas, aunque sabía que iba a ser muy doloroso; antes ya me habían aplastado las manos con un carro, pero la mujer que lo hizo ni siquiera se dio cuenta de lo que hizo, porque estaba yo escondido y no me vio meter las manos debajo de su llanta, pero el que una mujer lo hiciera con pleno conocimiento, eso era nuevo, Hilda empezó a soltar el freno lentamente y vi como la llanta empezó a avanzar hacia mis desprotegidas manos, sin nada que la detuviera mas que mis manos mismas, sentí el primer contacto con el caucho en mi meñique y vi como la llanta se tragaba mi mano, poco a poco la presión empezaba a crecer, conforme avanzaba, hasta que toda mi mano quedo cubierta por la llanta, en ese momento Hilda frenó el carro, con mi mano debajo de la llanta, se asomó por la ventana y viendo mi cara de dolor sonrió. “Te gusta?” me preguntó, realmente no sentía mucho dolor, empezó a sentirse un cosquilleo que me recorría toda la mano, después la presión se sintió mas hasta el punto en el que ya no sentía la mano, pero no podía moverla, tampoco podía hablar para contestarle, estaba como en shock, no sabía si me gustaba mas de lo que me dolía o viceversa, como no le contesté, empezó a girar el volante, al ver que la llanta empezaba a girar sobre mi mano, me horrorice, sentía como poco a poco mi piel se giraba junto con la llanta pero mi mano no, al ver esa escena, contesté de inmediato “si, si me gusta mistress” con eso bastó para que ya no girara mas el volante, por suerte para mi no lo había girado mucho, y lo regresó a su posición original, lo cual ya no dolió tanto. Hilda encendió un cigarro y se puso tranquilamente a fumar, sin siquiera voltear hacia abajo a ver mi expresión de dolor y satisfacción, ya que se terminó si cigarro, abrió la puerta del carro y lo puso sobre mi mano libre, pisándolo con su zapato para apagarlo, me tuve que morder el labio para no gritar del dolor, cerró la puerta y me preguntó que si estaba listo para la otra mano, la cual todavía me ardía de la quemada del cigarro, a lo cual asentí. Con eso soltó el freno y la llanta empezó a tragarse mi mano, esta vez dolió mas, porque ya estaba quemada, se detuvo de nuevo cuando la llanta estaba totalmente sobre mi mano y puso el freno de mano, en eso sonó el teléfono de su casa, se bajó del carro, procurando pisarme al bajar, enterrando su tacón con gran fuerza y fue a la cocina a contestar; dejándome ahí con la mano bajo su carro. Escuché que era una de sus amigas que estaba a punto de llegar a la fiesta que ya tenía organizada mi bella captora…
CONOCIENDO A HILDA
Estaba solo en mi casa, sin mucho que hacer, mi pareja se había ido a visitar a sus papas fuera de la ciudad, disfrutando de la pornografía que me ha tomado tanto tiempo recolectar de la red, miles de sitios de Internet, desde lo mas soft hasta los de snuf y hardcore, archivando cuidadosamente todas las fotografías, por genero, procurando tenerlas siempre ordenadas alfabéticamente, lógicamente en archivos ocultos en mi computadora, ya que si los descubría mi pareja, posiblemente me mandaría a la chingada, ella no entiende, no sabe y mucho menos se imagina de todas las cosas que pasan por mi mente, en alguna ocasión traté de tener un acercamiento con ella sobre mis fantasías sexuales, a lo cual rotundamente se negó, así es que permanece en mi imaginación y en la otra cara de mi vida.
Decidí buscar mas sitios con fotos interesantes y que se parecieran a mis fantasías, cuando llegue a un sitio donde había una inmensa lista de Dominatrices, mujeres dominantes que requieren de esclavos hombres o mujeres, empecé a revisar la lista y para mi sorpresa encontré que había arias en México, revisando los números, me puse a marcar a varios de ellos, la mayoría estaban ocupados o fuera de servicio, hasta que al fin encontré uno en el que si me contestaron, del otro lado de la línea era una voz sensual y firme, se escuchaba una mujer segura de si misma, no me dejó casi hablar, queriendo yo saber como estaba el asunto, casi en un tono de orden me dio la dirección donde se encontraba y me dijo que me presentara a las 21:00 horas en punto, con eso colgó.
No sabía que hacer, mi corazón latía de forma dispareja y descontrolada, después de un par de minutos de incertidumbre me decidí a ir a la dirección que me dio, estaba relativamente cerca de mi casa, no sabía lo que me esperaba al llegar, por mi mente pasaban mil y un pensamientos, como será esta mujer, será una gorda horrible, o una fina modelo, cobrarán el servicio o se lo cobran a base de tortura y dolor ( lo que sería ideal) o es por puro gusto de ella, por el puro placer detener a un hombre a sus pies y poder hacer de el lo que quiera, y así iban pasando los pensamientos, cuando de pronto me di cuenta que había llegado, era una casa blanca, grande, de esas que te das cuenta que los que viven en ella son gente acomodada dentro de la sociedad, de buen nivel socioeconómico.
Parado frente a ella me sentía emocionado y a la vez con miedo, estaba frente a lo desconocido, pasaron los minutos y yo seguía admirando la residencia, dudaba si tocar o no el timbre, cuando un impulso inconsciente llevó mi mano hacia el timbre presionándolo suavemente, sonó un timbre discreto, pasaron uno o dos minutos hasta que se abriera la puerta.
Al abrirse la puerta se dejó ver una figura hermosa, era una mujer alta, ya entrada en años, habrá tenido unos 45 o 50 años, pero con una figura deliciosa, no era flaca, mas bien redondeada, pero tampoco gorda, mas bien robusta, según mis cálculos pesaba unos 65 kilos poco mas poco menos, pelo rubio, rizado, facciones finas, poco maquillaje, muy elegante, tenía un vestido negro ajustado, medias negras y unos zapatos de tacón alto y puntiagudo, se veía como un ángel vestido de negro.
En eso estaba, absorto en su belleza, cuando de repente siendo una cachetada impresionante, con una fuerza tal que me hizo perder el equilibrio, acompañada de un “llegas tarde, al suelo y besa mis pies”, a lo cual desconcertado, me puse de rodillas y empecé a besar esos zapatos negros deliciosos, a recorrerlos con mi boca y lengua, mientras besaba uno de sus pies, me pateó con el otro, directo en el cachete, con la punta del zapato. Todavía estaba recuperándome de la patada cuando recibo otra, y otra y otra, wham, wham, wham, fueron diez las que recibió mi cara, empece a sentir la sangre correr por mi nariz, escurriéndose hasta mi boca, saboreando el gusto de la sangre fresca, sobre todo si la sangre provenía de una herida infligida por semejante belleza.
Me tomó del cabello y me arrastro hacia adentro de su casa, me ordenó que me acostara en el suelo boca arriba y que me quedara quieto, con eso se subió a mi, empezó a caminar encima de mi cuerpo, con todo y esos zapatos de tacón, sentía un dolor indescriptible a cada paso, cada vez que se enterraba el tacón, sentía como si me perforara el cuerpo, estuvo caminando de arriba hacia abajo, desde los pies hasta el cuello, en eso me pone un pie en la cara, luego el otro y se bajó, dejando marcas de sus tacones en mis cachetes.
Me ordenó que me desvistiera me aventó una especie de calzón de piel, mas bien era una tanga, que tenía para ajustarse en los costados, me desvestí y me puse la tanga, se acercó y me apretó la tanga tan fuerte que no pude evitar gritar por lo cual recibí otra cachetada igual de fuerte que la primera, “solo puedes hablar si yo te lo ordeno y no quiero que te estés quejando de todo, tu llegaste por tu gusto, me llamo Hilda y a partir de este momento te vas a dirigir hacia mi como mistress Hilda o mistress a secas, quedó claro?” no estaba terminando de hablar cuando recibí un pisotón en el empeine del pie derecho, creí que me lo había atravesado con su tacón, por mas dolor que sentí, tuve que contenerme para no gritar.
Creo que le gustó mi reacción ante toda esta situación, porque en su cara se veía una sonrisa de satisfacción cada vez que me infligía algún castigo.
Me ordenó seguirla hasta la cochera, donde estaban dos carros, un stratus negro y un cultas eurosport, también negro, en el camino me venía platicando un poco lo que iba a suceder a partir de ese momento, del dolor que iba procurar infligir en mi, no solo ella, sino que venían en camino varias amigas y que entre todas iban a ver que tanto podía aguantar y cuando ya estuviera al límite de mi tolerancia al dolor, me torturarían más, de ser posible hasta que quedara inconsciente y que al despertar, continuaría la agonía, a lo cual acepté.
Llegando a la cochera me ordenó que me acostara en paralelo al stratus boca arriba, lo cual hice sin dudar, me acosté y se subió a mi panza, enterrando sus tacones hasta que casi no se veían, todo ese peso sobre los tacones y encima de mi no me dejaron ni siquiera un poco de aire para intentar gritar, solo salió un bufido leve por lo cual recibí una patada con el tacón muy cerca del ojo derecho, abrió la puerta del carro y se subió, bajó la ventana y me ordenó que pusiera ambas manos detrás de la rueda delantera porque me las iba a aplastar, yo estaba temblando, mis manos temblaban sin que las pudiera controlar, puse las manos en el suelo con las palmas hacia abajo, detrás de la llanta delantera, separadas como diez centímetros una de otra, en directa trayectoria de la llanta. Hilda arrancó el carro y puso reversa, antes de avanzar me dijo que si me atrevía a mover las manos, me amarraría y me aplastaría todo el cuerpo con el carro hasta matarme, con esa amenaza encima y sabiendo que sería capaz de cumplirla, decidí no moverlas, aunque sabía que iba a ser muy doloroso; antes ya me habían aplastado las manos con un carro, pero la mujer que lo hizo ni siquiera se dio cuenta de lo que hizo, porque estaba yo escondido y no me vio meter las manos debajo de su llanta, pero el que una mujer lo hiciera con pleno conocimiento, eso era nuevo, Hilda empezó a soltar el freno lentamente y vi como la llanta empezó a avanzar hacia mis desprotegidas manos, sin nada que la detuviera mas que mis manos mismas, sentí el primer contacto con el caucho en mi meñique y vi como la llanta se tragaba mi mano, poco a poco la presión empezaba a crecer, conforme avanzaba, hasta que toda mi mano quedo cubierta por la llanta, en ese momento Hilda frenó el carro, con mi mano debajo de la llanta, se asomó por la ventana y viendo mi cara de dolor sonrió. “Te gusta?” me preguntó, realmente no sentía mucho dolor, empezó a sentirse un cosquilleo que me recorría toda la mano, después la presión se sintió mas hasta el punto en el que ya no sentía la mano, pero no podía moverla, tampoco podía hablar para contestarle, estaba como en shock, no sabía si me gustaba mas de lo que me dolía o viceversa, como no le contesté, empezó a girar el volante, al ver que la llanta empezaba a girar sobre mi mano, me horrorice, sentía como poco a poco mi piel se giraba junto con la llanta pero mi mano no, al ver esa escena, contesté de inmediato “si, si me gusta mistress” con eso bastó para que ya no girara mas el volante, por suerte para mi no lo había girado mucho, y lo regresó a su posición original, lo cual ya no dolió tanto. Hilda encendió un cigarro y se puso tranquilamente a fumar, sin siquiera voltear hacia abajo a ver mi expresión de dolor y satisfacción, ya que se terminó si cigarro, abrió la puerta del carro y lo puso sobre mi mano libre, pisándolo con su zapato para apagarlo, me tuve que morder el labio para no gritar del dolor, cerró la puerta y me preguntó que si estaba listo para la otra mano, la cual todavía me ardía de la quemada del cigarro, a lo cual asentí. Con eso soltó el freno y la llanta empezó a tragarse mi mano, esta vez dolió mas, porque ya estaba quemada, se detuvo de nuevo cuando la llanta estaba totalmente sobre mi mano y puso el freno de mano, en eso sonó el teléfono de su casa, se bajó del carro, procurando pisarme al bajar, enterrando su tacón con gran fuerza y fue a la cocina a contestar; dejándome ahí con la mano bajo su carro. Escuché que era una de sus amigas que estaba a punto de llegar a la fiesta que ya tenía organizada mi bella captora…